Las marcas tienen un proceso natural de crecimiento como el del ser humano.

Nace y, como un niño, necesita ser alimentada, cuidada y, sobre todo, muy querida.

A ninguno de ustedes se le habrá ocurrido pedirle a un bebé de corra a la cocina y le prepare un asado con verduras ¿verdad?

Muchos emprendedores esperan que su marca, producto y/o servicio al ser publicado en las diferentes redes sociales genere ventas de forma inmediata, sea mejor que la competencia, dé un rápido retorno de la “inversión” y lo peor, los like son los que definen si es “bueno o malo” o “si gusta o no gusta” lo que están ofreciendo. 

Las marcas son un producto humano y se comportan similar. Cuando están jóvenes, hay que alimentarlas, entenderlas, definir su personalidad, presentarlas, incluirlas en el modelo de vida de las personas. Y con constancia, disciplina, estrategia y creatividad serán recordadas, necesitadas y recomendadas. 

Este proceso natural de crecimiento se olvida fácilmente.  Esto lo observamos diariamente en marcas que intentan estar (sin estar) en todas las plataformas virtuales posibles. Entendamos que vivimos en un mundo sobresaturado de información, de imágenes y de percepciones.

Créate un plan de trabajo para construir tu marca con criterio de realidad. Aliméntala con una estrategia. Dale un posicionamiento diferenciador que le permita destacarse. Invierte en su formación a mediano y largo plazo y déjala que madure a su tiempo.  Sólo así será autosuficiente y será ella quien te ayude a seguir creciendo. 

Ahora que sabes que una marca requiere tiempo y mucho pensamiento para comenzar a cosechar de ella, solicita una evaluación preliminar gratuita y recibe un diagnóstico para saber en que estado se encuentra tu producto para su reimpulso y fortalecimiento como marca.